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sábado, 11 de febrero de 2012

MITOS Y LEYENDAS... durante una cacería por los bosques..



MITOS Y LEYENDAS :

Durante una cacería por los bosques, el famoso Finn Mc Cumhaill, vió cruzar repentinamente la senda que seguían, a una hermosa cierva dorada, lo cual hizo que los perros se lanzaran en su persecución. Luego de varias horas de seguirla, llegaron a un fresco valle, donde la cierva, sin duda muy cansada por la carrera, se detuvo y cayó al suelo.

Inmediatamente, los perros se lanzaron hacia ella, pero para el asombro de Finn, en lugar de atacarla, comenzaron a jugar a su alrededor, lamiendo su cara y su cuello. Finn dió órdenes de que nadie la dañara, y todos comenzaron el regreso hacia el castillo, con la cierva y los perros siguiéndolos, jugando armónicamente mientras lo hacían.

Durante la noche, Finn despertó sobresaltado, y vio parada al lado de su cama a la mujer más bella que jamás se hubiera visto. “Yo soy Sadv, querido Finn, -dijo la dama- y soy la cierva que seguiste hoy. Como no quise brindarle mi amor al druida del Pueblo de las Hadas, me hechizó condenándome a llevar esa forma, de esto hace ya tres años. Pero uno de sus esclavos, un buen amigo, me dijo que si lograba entrar en la fortaleza de Allen, recuperaría mi forma original.”

Y así Sadv se quedó a vivir en el castillo, como esposa de Finn, cuyo amor era tan profundo que ya no sentía deseos de ir a la guerra o de cacería. Pero una mañana le llegó la noticia de que se avecinaba un ataque por mar; los Hombres del Norte se encontraban en la bahía de Dublín y venían hacia su dominio.

Sólo siete días permaneció Finn fuera de su casa. Al regresar, no vió a Sadv esperándolo, entonces preguntó a sus sirvientes por ella. Uno de ellos, el más fiel y servicial, con mucha pena le dijo: “El día antes del de ayer, nos pareció veros llegar, y todos nos apresuramos hacia el portal, pero en cuanto la Reina Sadv lo cruzó, un fantasma apareció la cubrió con niebla y en su lugar sólo quedó una cierva dorada. Los perros la acosaron y no le permitieron volver al portal, obligándola a huir hacia el bosque. No la volvimos a ver más.”

Finn se estrujó las manos, y se retiró con muchísimo pesar a sus habitaciones. Jamás fué el mismo, y durante siete años la buscó por toda Irlanda. Finalmente, siguiendo un rastro de jabalíes en losmontes de Ben Gulbann, oyó que los perros ladraban furiosamente. Se llegó hasta allí, y descubrió un niño desnudo, de largos cabellos rubios. Finn y sus hombres alejaron a los perros, y condujeron al niño al castillo.

Cuando pudo hablar, contó que nunca había conocido a sus padres, sino sólo a una bella cierva dorada, con quien había vivido en un valle profundo y hermoso. Esto había sido así hasta que una tarde descendió una niebla espesa y cubrió a la cierva, haciéndola desaparecer de su lado.

Inmediatamente comprendió Finn que la cierva no era otra que su amada Sadv, y este niño, su hijo. Lo nombró Oisín (pequeño ciervo), quien más tarde se transformó en un famoso guerrero, y casó con Niam, la del pelo dorado.

 Gracias Cris

sábado, 12 de noviembre de 2011

El duende del zapato



El duende del zapato 
Érase una vez una niña que mientras caminaba por el bosque, se le metió una piedra en el zapato. Así que con el pie agitó el zapato para que la molesta piedra saliese y ella pudiera, así, continuar su camino. La piedra salió, sin embargo, algo agradable continuaba dentro de su zapato. Era un duende, un duende que no podía salir de allí dentro.

-¿Por qué no puedes salir?- le preguntó la niña.-Porque sólo puedo salir de aquí para ir a tu corazón y allí no puedo ir ahora pues tu pensamiento me lo impide –le respondió en duende con su dulce voz desde dentro del zapato.

-Es verdad –admitió la niña-. Últimamente, ando preocupada y por esta razón la vibración de mis pensamientos ha decaído. Tú lo has notado enseguida.

-Pero, ¿por qué no crees en tu luz? –le preguntó el duende-. Si pudieras verla…es tan hermosa y brillante, parece una estrella. Si sintieras el ser de luz que tú eres, me verías jugar con tu alma, balancearme en tu latido, empaparme del halo amoroso de tu luz y si tú realmente la reconocieras y la valoraras, no la ignorarías, sino que la cuidarías como si fuera un tesoro, el cual contiene la vibración pura y noble de tu alma y te recrearías eternamente en su fuerza divina y en su naturaleza calma y bella.

-Sí, querido duende, pero créeme a veces las preocupaciones parecen tener más fuerza que ella… Así lo siento ahora –le confesó la niñita.

-A pesar de tus pensamientos negativos puedes ayudarme a escalar hacia tu corazón, visualizando en tu interior una luz tan fuerte en el pecho que es capaz de afectar a quienes te rodean. Siente su fuerza, su calor, su poder, su magnetismo y, de este modo, podré acercarme a tu corazón y salir de tu zapato -le solicitó el duende.

La niña hizo lo que le pidió el duende. Lo hizo con todas sus fuerzas y desde el corazón y pronto sintió una bola de energía. Era vida espontánea y alegre que se esparcía en su interior y que reanimó su ritmo interior, como si un baile del espíritu tuviera lugar en su cuerpecito de niña. De pronto, la niña empezó a bailar y ¡ya no sintió al duende en su zapato! Ahora percibía una brisa juguetona a su alrededor, una brisa que silbaba y cantaba notas tan divinas y sublimes que ya jamás las olvidó pues su sonido se quedó grabado para siempre. Y este fue el regalo que le hizo el duende: cada vez que la niña se sentía triste, imaginaba que tocaba con su luz esas notas que residían en su corazón y en su alma las cuales siempre le acompañaban allá donde fuese y, que, con su magia, cambiaban el pensamiento. Además, la niña empezó a tocar la flauta para llamar a su duende cuando lo necesitaba y para llenar el mundo de una melodía que hacía aflorar la belleza y la luz del planeta tierra y de quienes lo habitaban.
Autora. María Jesús Verdú  Sacases
http://zonailuminada.blogspot.com/

viernes, 22 de abril de 2011

Honro y Agradezco todas las vidas que viví...





Honro y Agradezco todas las vidas que viví
las que me permitieron llegar hasta aquí
a recoger mi verdadera herencia...




...Y con mi Maleta de los Sueños, camino con Confianza y en Paz porque sé que por fin
estoy llegando a Casa...

 Ananda.

El cuento inédito "Godo" llega a AMAZON



Bajo la firma de la Editorial Latin Heritage Foundation acaba de publicarse en AMAZON, el libro: "LA NOCHE Y LOS GUERREROS DE FUEGO" que incluye a "Godo", con autoría de quien suscribe, entre los cuentos ganadores del Premio Concurso Internacional de Relato 2011.
Espero disfruten del libro todos los lectores interesados.

R. S.







--
Publicado por Rudy Spillman para ESCRITOS de Rudy Spillman

lunes, 24 de enero de 2011

PLEGARIA INDIGENA





PLEGARIA INDIGENA
No te acerques a mi tumba sollozando.
No estoy allí. No duermo ahí.
Soy como mil vientos soplando.
Soy como un diamante, en la nieve, brillando.
Soy la luz del sol sobre el grano dorado.
Soy la lluvia gentil del otoño esperado,
cuando despiertas en la tranquila mañana.
Soy la bandada de pájaros que trina.
Soy también las estrellas que titilan,
mientras cae la noche en tu ventana.
Por eso, no te acerques a mi tumba sollozando.
No estoy allí.

Yo no morí!

'Hoy es un buen día para vivir y también para morir.'

jueves, 25 de noviembre de 2010

El Ruiseñor y la Rosa......Cuento de Oscar Wilde


Oscar Wilde  - EL RUISEÑOR Y LA ROSA
Titulo en Inglés: THE NIGHTINGALE AND THE ROSE
Texto de dominio público.



EL RUISEÑOR Y LA ROSA

Oscar Wilde



—Ella me prometió que bailaría conmigo si le llevaba rosas rojas —murmuró el Estudiante—; pero en todo el jardín no queda ni una sola rosa roja.
El Ruiseñor le estaba escuchando desde su nido en la encina, y lo miraba a través de las hojas; al oír esto último, se sintió asombrado.
—¡Ni una sola rosa roja en todo el jardín! —repitió el Estudiante con sus ojos llenos de lágrimas—. ¡Ay, es que la felicidad depende hasta de cosas tan pequeñas! Ya he estudiado todo lo que los sabios han escrito, conozco los secretos de la filosofía y sin embargo, soy desdichado por no tener una rosa roja.
—Por fin tenemos aquí a un enamorado auténtico —se dijo el ruiseñor—. He estado cantándole noche tras noche, aunque no lo conozco; y noche tras noche le he contado su historia a las estrellas; y por fin lo veo ahora. Su cabello es oscuro como la flor del jacinto, y sus labios son tan rojos como la rosa que desea; pero la pasión ha hecho palidecer su rostro hasta dejarlo del color del marfil, y la tristeza ya le puso su marca en la frente.
—El Príncipe da el baile mañana por la noche —seguía quejándose el Estudiante—, y allí estará mi amada. Si le llevo una rosa roja bailará conmigo hasta el amanecer. Si le llevo una rosa roja la estrecharé entre mis brazos, y ella apoyará su cabeza sobre mi hombro, y apoyará su mano en la mía. Pero como no hay ni una sola rosa roja en mi jardín, tendré que sentarme solo, y ella pasará bailando delante mío, sin siquiera mirarme y se me romperá el corazón.
—Este sí que es un auténtico enamorado verdadero —seguía pensando el Ruiseñor—. Yo canto y él sufre; lo que para mí es alegría, para él es dolor. No cabe duda que el amor es una cosa admirable, más preciosa que las esmeraldas y más rara que los ópalos blancos. Ni con perlas ni con ungüentos se lo puede comprar, porque no se vende en los mercados. No se puede adquirir en el comercio ni pesar en las balanzas del oro.
—Los músicos estarán sentados en su estrado —decía el Estudiante—, y harán surgir la música de sus instrumentos, y mi amada bailará al son del arpa y el violín. Ella bailará tan levemente, que sus pies casi no tocarán el suelo, y los cortesanos, con sus trajes fastuosos, formarán corro en torno suyo para admirarla. Pero conmigo no bailará, porque no tengo una rosa roja para darle.
Y se arrojó sobre la hierba, y ocultando su rostro entre las manos, se puso a llorar amargamente.
—¿Por qué está llorando? —preguntó una lagartija verde que pasaba frente a él con la cola al aire.
—¿Sí, por qué? —murmuraba una margarita a su vecina, con voz dulce y tenue.
—Está llorando por una rosa roja —explicó el Ruiseñor.
—¿Por una rosa roja? —exclamaron las otras en coro. ¡Qué ridiculez!
La lagartija, que era un poco cínica, se puso a reír a carcajadas. Sólo el Ruiseñor comprendía el secreto de la pena del Estudiante y, posado silenciosamente en la encina, meditaba sobre el misterio del amor.
Por último, desplegó sus alas oscuras y se elevó en el aire. Cruzó como una sombra a través de la avenida, y como una sombra se deslizó por el jardín.
En medio del prado había un magnífico rosal, y el Ruiseñor voló hasta posársele en una de sus ramas.
—Necesito una rosa roja —le dijo. Dámela y yo te cantaré mi canción más dulce.
Pero el rosal negó sacudiendo su ramaje.
—Mis rosas son blancas —le contestó—, como la espuma del mar y más blancas que la nieve de la montaña. Pero ve donde mi hermana que crece al lado del viejo reloj de sol, y puede ser que ella te proporcione la flor que necesitas.
El Ruiseñor voló hacia el gran rosal que crecía junto al viejo reloj de sol.
—Dame una rosa roja —le dijo—, y te cantaré mi canción más dulce.
Pero el rosal negó sacudiendo su follaje.
—Mis rosas son amarillas —contestó—, tan amarillas como el cabello de la sirena que se sienta en un trono de ámbar, y más amarillas que el Narciso que florece en el prado. Pero anda a ver a mi hermano, que crece al pie de la ventana del Estudiante, y quizás él pueda darte la flor que necesitas.
El Ruiseñor voló entonces hasta el viejo rosal que crecía al pie de la ventana del Estudiante.
—Dame una rosa roja —le dijo—, y yo te cantaré mi canción más dulce.
Pero el rosal negó sacudiendo su follaje.
—Rojas son, en efecto, mis rosas —contestó—; tan rojas como las patas de las palomas, y más rojas que los abanicos de coral que relumbran en las cavernas del océano. Pero el invierno heló mis venas, y la escarcha marchitó mis capullos, y la tormenta rompió mis ramas y durante todo este año no tendré rosas rojas.
—Una rosa roja es todo lo que necesito —exclamó el Ruiseñor—; ¡sólo una rosa roja! ¿No hay manera alguna de que la pueda obtener?
—Hay una manera —contestó el rosal—, pero es tan terrible que no me atrevo a decírtela.
—Dímela —repuso el Ruiseñor—. Yo no me asustaré.
—Si quieres una rosa roja —dijo el rosal—, tienes que construirla con tu música, a la luz de la luna, y teñirla con la sangre de tu corazón. Debes cantar con tu pecho apoyado sobre una de mis espinas. Debes cantar toda la noche, hasta que la espina atraviese tu corazón y la sangre de tu vida fluirá en mis venas y se hará mía...
—La propia muerte es un precio muy alto por una rosa roja —murmuró el Ruiseñor—, y la vida es dulce para todos. Es agradable detenerse en el bosque verde y ver al sol viajando en su carroza de oro y a la luna en su carroza de perlas. Es muy dulce el aroma del espino, y también son dulces las campanillas azules que crecen en el valle y los brezos que florecen en el collado. Sin embargo, el Amor es mejor que la vida, y, por último, ¿qué es el corazón de un ruiseñor comparado con el corazón de un hombre enamorado?
Y, desplegando sus alas oscuras, el ruiseñor se elevó en el aire, cruzó por el jardín como una sombra, y como una sombra se deslizó a través de la avenida.
El Estudiante seguía echado en la hierba, como lo había dejado; y las lágrimas no se secaban en sus anchos ojos.
—¡Alégrate! —le gritó el Ruiseñor—. ¡Siéntete dichoso, porque tendrás tu rosa roja! Yo la construiré con mi música, a la luz de la luna, y la teñiré con la sangre de mi corazón. Lo único que pido en cambio, es que seas un verdadero amante, porque el Amor es más sabio que la Filosofía, por muy sabia que ésta sea, y es más poderoso que la Fuerza, por muy fuerte que ella sea. Las alas del Amor son llamas de mil tonalidades, y su cuerpo es del color del fuego. Sus labios son dulces como la miel, y su aliento es como la mirra silvestre.
El Estudiante levantó la vista de la hierba y escuchó, pero no comprendió lo que decía el Ruiseñor, porque él sólo podía entender lo que estaba escrito en los libros.
En cambio, la encina comprendió y se puso a balancear muy tristemente, porque sentía un hondo cariño por el pequeño Ruiseñor que había construido el nido en sus ramajes.
—Cántame, por favor, una última canción —le susurró la encina—, porque voy a sentirme muy sola cuando te hayas ido.
Y el Ruiseñor cantó para la encina, y su voz era como el agua que cae de una jarra de plata.
Cuando terminó la canción del Ruiseñor, se levantó el Estudiante y sacó del bolsillo un cuadernito y un lápiz.
—He de admitir que ese pájaro tiene estilo —se dijo a sí mismo caminando por la alameda—, eso no puede negarse; pero ¿acaso siente lo que canta? Temo que no, debe ser como tantos artistas, puro estilo y nada de sinceridad. Jamás se sacrificaría por alguien, piensa solamente en música y ya se sabe que el arte es egoísta. Sin embargo, debo reconocer que su voz da notas muy bellas. ¡Lástima que no signifiquen nada, o que no signifiquen nada importante para nadie!
Luego entró en su alcoba, y, echándose sobre su cama, comenzó de nuevo a pensar en su amor. Después de unos momentos se quedó dormido.
Cuando la luna alumbró en los cielos, el Ruiseñor voló hacia el rosal, y apoyó su pecho sobre la mayor de las espinas. Toda la noche estuvo cantando con el pecho contra la espina, y la luna fría y cristalina se inclinó para escuchar. Toda la noche estuvo cantando así apoyado, y la espina se hundía más y más en su carne y la sangre de su vida se derramaba en el rosal.
Cantó primero al nacimiento del Amor en el corazón de los adolescentes. Entonces, en la rama más alta del rosal floreció una rosa maravillosa, pétalo tras pétalo como canción tras canción. Al principio era pálida, como la niebla que flota sobre el río; pálida como los pies de la mañana y plateada como las alas de la aurora. La rosa que floreció en la rama más alta del rosal era como el reflejo de una rosa en un cáliz de plata, era como el reflejo de una rosa en espejo de agua.
El rosal le gritó al Ruiseñor para que apretara más su pecho contra la espina.
—¡Aprétate más, pequeño Ruiseñor —gritó el rosal—, o el día llegará antes de haber terminado de fabricar la rosa!
Y el Ruiseñor se apretó más contra la espina, y más y más creció su canto porque ahora cantaba el nacimiento de la pasión en el alma de un joven y de una virgen.
Y un delicado rubor comenzó a cubrir las hojas de la rosa, como el rubor que cubre las mejillas del novio cuando besa los labios de su prometida.
Pero la espina no llegaba todavía al corazón del corazón, y el corazón de la rosa permanecía blanco, porque sólo la sangre de un ruiseñor puede enrojecer el corazón de una rosa.
Y el rosal le gritó al Ruiseñor para que se apretara más aún contra la espina.
—¡Aprétate más, pequeño Ruiseñor —gritó el rosal—, o llegará el día antes de haber terminado de fabricar la rosa!
Y el Ruiseñor se apretó más aún contra la espina, y la espina al fin le alcanzó el corazón. Un terrible dolor lo traspasó. Más y más amargo era el dolor, y más y más impetuosa se hacía su canción, porque ahora cantaba el Amor sublimado por la muerte, el Amor que no puede aprisionar la tumba.
Y la rosa del rosal se puso camersí como la rosa del cielo del Oriente. Su corona de pétalos era púrpura como es purpúreo el corazón de un rubí.
La voz del Ruiseñor ya desmayaba, sus alitas comenzaron a agitarse, y una nube le cayó sobre sus ojos. Su canto desmayaba más y más, y sentía que algo le obstruía la garganta.
Entonces tuvo una última explosión de música. Al oírla la luna blanca se olvidó del alba y se demoró en el horizonte. Al oírla la rosa roja tembló de éxtasis y abrió sus pétalos al frescor de la mañana. El eco llevó la canción a la caverna de las montañas, y despertó a los pastores dormidos. Luego navegó entre los juncos del río que llevaron el mensaje hasta el mar.
—¡Mira, mira —gritó el rosal—, la rosa ya está terminada!
Pero el Ruiseñor no contestó, porque estaba muerto con la espina clavada en su corazón.
Ya era eso del mediodía cuando despertó el Estudiante; abrió la ventana y miró hacia afuera.
—¡Caramba, qué maravillosa visión! —exclamó—. ¡Una rosa roja! En mi vida he visto una rosa semejante. Es tan hermosa que estoy seguro que tiene un nombre muy largo en latín.
Se inclinó por el balcón y la cortó.
En seguida se caló el sombrero, y con la rosa en la mano, corrió a la casa del profesor.
La hija del profesor estaba sentada cerca de la puerta, devanando una madeja de seda azul, con su perrito a los pies.
—Dijiste que bailarías conmigo si te traía una rosa roja —exclamó el Estudiante—. Aquí tienes la rosa más roja de todo el mundo. Esta noche la prenderás sobre tu corazón y como bailaremos juntos podré decirte cuánto te amo.
Pero la jovencita frunció el ceño.
—Me temo que no va a hacer juego con mi vestido nuevo —repuso—, Y, además el sobrino del Chambelán me envió unas joyas de verdad, y todo el mundo sabe que las joyas son más caras que las flores.
—Eres una ingrata incorregible —dijo agriamente el Estudiante, y tiró con ira la rosa al arroyo donde un carro la aplastó al pasar.
—¿Ingrata? —dijo la muchacha—. Yo te digo que eres un grosero. ¿Qué eres tú, después de todo? Sólo un estudiante, y ni siquiera creo que lleves hebillas de plata en los zapatos, como lo hace el sobrino del Chambelán.
Y muy altanera se metió en su casa.
—¡Qué cosa más estúpida es el Amor! —se dijo el Estudiante mientras caminaba—. No es ni la mitad de útil que la Lógica, porque no demuestra nada y le habla a uno siempre de cosas que no suceden nunca, y hace creer verdades que no son ciertas. En realidad no es nada práctico, y como en estos tiempos ser práctico es serlo todo, volveré a la Filosofía y al estudio de la Metafísica.
Y al llegar a su casa, abrió un libro lleno de polvo, y se puso a leer.

FIN

miércoles, 6 de octubre de 2010

Cuento corto de Ernesto Laureano ¿Dónde están los Dioses?


¿Dónde Están Los Dioses?
Ernesto Laureano

¾¿Dónde están los dioses? ¾preguntó el Pequeño, mientras se ocultaba con su familia en la caverna, de aquella noche de tormenta primordial.
Y sus padres le enseñaron como hacer fuego para iluminar su historia pintada en los muros, y a danzar a los dioses que un día llegaron a ellos y que se fueron con el tiempo de sus ancestros...
...Y fue la mañana del primer día.
Luego, el Pequeño preguntó a su tribu:
¾
¿Dónde están los dioses?
Y junto con sus padres atravesó un largo invierno en busca de un lugar para sembrar su futuro...
...Y fue la mañana y la tarde del segundo día.
Y el Joven preguntó a su pueblo, mientras reía a orillas del río:
¾
¿Dónde están los dioses?
Y sus padres le enseñaron a someter a otros pueblos, a otros hombres. Construyó pirámides en los desiertos, y en las selvas vírgenes construyó ciudades. Aprendió otros cultos y leyendas junto a sabios y maestros que se perdieron con el tiempo y el viento del olvido...
...Y fue la mañana y la tarde del tercer día.
Y el Hombre preguntó a los suyos:
¾
¿Dónde están los dioses?
¾
Están en la vida ¾le respondieron, mientras apagaban la vida de sus hermanos.
Y el Hombre descubrió el origen de su forma. Aprendió a crear vida en sus laboratorios, con respeto y sabiduría...
...Y así fue todo el día cuarto.
Y el Hombre preguntó con desconfianza:
¾
¿Dónde están los dioses?
¾
Están en el amor ¾le respondieron los sacerdotes mientras se llenaban los bolsillos con monedas y almas de la inocencia.
Y el Hombre aprendió a amar a todo ser viviente que pisara el mundo o viviera fuera de él. Con amor, sus ojos se volcaron a las artes, y ellas las alas del espíritu humano acicalaron con ternura...
...Y fue la mañana y la tarde del día quinto.
Y el Hombre preguntó a los niños que ayer reían, y ahora eran hombres que odiaban:
¾
¿Dónde están los dioses?
¾
Están en la energía ¾le respondieron, mientras usaban el átomo para destruirse a sí mismos.
Y el Hombre aprendió a creer en la paz, usó el átomo para bien; sanó a todos los pueblos y no hubo más guerras en su corazón...
...Y fue la mañana y la tarde del día sexto.
Y el Hombre preguntó al polvo de su cultura, a las ovejas sociales de su época:
¾
¿Dónde están los dioses?
¾
En el cielo ¾le respondieron, drogados por su sometimiento a la religión.
Y el Hombre aprendió astronomía, hizo cálculos, tomó soles en sus apuntes y llegaría a lugares que siempre quiso conocer. Y finalmente se apoderó del cielo y vivió en las estrellas...
...Y fue la mañana y la tarde del séptimo día.
Y el Anciano preguntó a la multitud solitaria:
¾
¿Dónde están los dioses?
¾
Están en el espacio y el tiempo ¾le respondieron tristes y cabizbajos.
Y el Anciano aprendió a controlar el espacio y el tiempo. Y su cuerpo fue como el brillo del Sol, en donde su pensamiento de luz ya no tenía fronteras, y podía estar en todas partes...
...Y fue la mañana y la tarde del octavo día.
Y el Anciano preguntó:
¾
¿Dónde están los dioses?
...Y nadie respondió, porque él ya estaba por sobre el espacio y el tiempo. Y el Anciano comprendió que la verdadera respuesta debía dársela a sí mismo.
Y a medida que el Anciano buscaba a los dioses, iba creando en el camino nuevos cielos y nuevas tierras; nuevos espacios y tiempos. Y en un pequeño mundo azul, que él había creado, hubo una tormenta primordial, antigua y perfecta. Y en ese pequeño mundo azul, el Anciano escuchó a un Pequeño preguntar algo que lo hizo sonreír y descansar:
¾


F I N

Revisión y Edición Electrónica de Arácnido.

¿Dónde están los dioses?...